Vivimos tiempos de convulsión social, política y económica. El mundo tal y como lo conocemos hasta ahora está cambiando. Algunos aseguran que cambia para bien, otros dicen que evidentemente es a peor… Mientras algunos no pueden evitar comparar el día de hoy con los pesares de la dictadura o poner en duda la libertad de expresión que trajo la democracia, hay personas que a pesar de la frustración y la desilusión que crean los medios, trabajan sin cesar por reconducir el futuro más próximo. La situación actual podría verse como el conjunto de dos corrientes muy diferentes pero que, por otra parte, son complementarias e inseparables: por una parte, existe una corriente de destrucción donde vemos guerras incesantes, un odio generalizado y creciente, crisis de identidad y de valores y catástrofes humanitarias y medioambientales. Por otro lado, aparece otra corriente que, aunque quizás más discreta y difícil de encontrar, muestra esperanza y ofrece alternativas a la otra línea; mientras crece el odio entre algunos, aquí aumenta exponencialmente la solidaridad y la empatía y mientras algunos miran hacia otro lado aquí se está poniendo el foco en injusticias, se está exigiendo un cambio y se está trabajando por él.

Hoy queremos poner el foco en esta segunda corriente porque creemos que en los últimos años se ha avanzado a pasos agigantados (aunque no sean suficientes tal vez) pero el hecho de que ahora términos como zero waste en la vida individual o triple balance en la vida de las empresas estén a la orden de día es ya una gran noticia. En esta corriente podemos encontrar la tendencia creciente del vegetarianismo y el veganismo que, independientemente de la ideología que puedan acompañar o de los extremos, es una señal clara de toma de conciencia por el trato que damos a los animales e indica que hemos entendido el impacto que puede tener nuestra forma de consumo ante la industria alimentaria o de cualquier otro tipo. También vemos que la alimentación ecológica está cada vez más demandada y se ha extendido a muchos ámbitos la búsqueda de lo verde: la gente prefiere alimentos, cosmética e incluso productos de limpieza libres de químicos. En cuanto a la publicidad, aunque todos conocemos que es un arma de doble filo, las marcas se ven obligadas cada día a buscar maneras de atraernos apelando a la naturaleza, al respeto, al cuidado, al bienestar, nos invitan al reciclaje y nos animan a ¡comer verduras!

Queda mucho camino por andar, debemos estar alerta y observar la importancia de cada uno de nuestros pequeños actos, pero hoy en día es reconfortante ver cómo nuestra pequeña aportación está cada vez más acompañada por otros y su efecto se atisba cada vez un poco más cerca. Hoy tú y yo podemos contribuir significativamente al reciclar cada pedazo de plástico, al reducir el consumo de productos envasados en exceso, al buscar y exigir productos locales en nuestros supermercados, en comer menos carne pero de mejor calidad, comprar naranjas de Valencia y no africanas, comer kiwis gallegos y no neozelandeses, informarnos más y mejor, iluminar nuestras casas con bombillas de bajo consumo y compartir y dar voz a cada proyecto constructivo y beneficioso para nuestra salud y nuestro entorno. Hoy lo universal y lo particular están totalmente unidos y ya desde los documentos oficiales de la UNESCO, que hablan de términos como lo glocal (local y global), se nos anima a construir el modelo de globalización que queremos a través de nuestro entorno local.

Para terminar, os recomendamos un documental que tiene ya varios años de trayectoria pero que sigue a la orden del día y nos parece realmente interesante al tocar todos los aspectos y mostrar proyectos y acciones reales que se están llevando a cabo ahora mismo en varios lugares del mundo. Esta es su página con toda la información y el visionado se puede hacer desde plataformas como Filmin.

https://www.demain-lefilm.com/
https://www.filmin.es/pelicula/manana

 

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