Hoy en día hay varios factores que nos arrastran irremediablemente a la velocidad: las nuevas tecnologías, los medios de comunicación, la infoxicación, el estrés, la jornada laboral, la crisis económica y profesional de muchos sectores. Podremos siempre encontrar excusas o razones para no tener tiempo para nosotros, para no disponer de tiempo de calidad, lo cual debería ser en realidad: todo el tiempo. Pero que en la sociedad actual hagamos una distinción entre tiempo de calidad y todo el resto del tiempo (a secas), ya es una mala señal. Sin más explicaciones, hablemos sobre aquellas acciones o actividades que nos hacen transformar nuestro tiempo y hacer que el tiempo sin más pase a llenarse de significado y se convierta en ese maldito concepto llamado tiempo de calidad.

Leer, ¿necesitas motivos?
Seguramente de las pocas opiniones unánimes que podremos encontrar entre todos los individuos de nuestro entorno estaría la afirmación de que leer es bueno. Es una frase desagradable porque mezcla los recuerdos infantiles o adolescentes donde desde la escuela o el instituto se obligaba a leer como quien te obliga a comerte una crema de verduras verde y fría y es doblemente desagradable porque ha convertido en una especie de obligación social, moral e intelectual un hábito que debería ser totalmente libre, voluntario y no planificado. Si necesitas tener razones científicas o conocer los beneficios de la lectura en tu cerebro para lanzarte a leer, seguro que encontrarás varios artículos. Nosotros, sin embargo, solamente queríamos recordaros lo absolutamente liberador que puede resultar salir del ritmo cotidiano y de la frenética cadena de quehaceres cogiendo un libro y esfumándoos en nuevos viajes y descubrimientos. El tiempo cobra una dimensión totalmente diferente en la lectura, transcurre a otro ritmo y atentos: todo lo que vives leyendo, lo vives de verdad. No perdáis tiempo en diferenciar las experiencias vividas de las leídas porque, si encontráis un buen libro, la realidad y la ficción se funden de una manera maravillosa que os permitirá conocer países con presupuesto cero o llegar a reflexiones nunca sospechadas a partir de un haiku o un ensayo.

Jugar, esa cosa que ya solo hacen los niños
Cuando no existía Netflix, ni los móviles con conexión a internet y el trabajo estaba fuera de las pantallas todavía, el entretenimiento tenía otra forma. Tanto con la familia como con los amigos, las conversaciones y el tiempo se mataban charlando y jugando. Con un mazo de cartas, juegos de mesa (cuya exagerada variedad es casi mayor que la de las series que podrás encontrar en las plataformas de streaming) para cualquier gusto o sin material alguno os animamos a volver a reconectar con las personas de vuestro entorno aprovechando ese ratito antes de cenar incluso entre semana para dedicar un tiempo a la despreocupación. ¿Vosotros también tenéis la sensación de que el tiempo que transcurre entre semana está casi perdido? Para muchos la jornada laboral de lunes a viernes ocupa casi la totalidad de las horas del día y conlleva un cansancio y una saturación tal que al llegar a casa lo único que podemos concebir es descansar la mente con un rato de móvil, un capítulo de una serie o un ratito de zapping sin sentido. Sin embargo, el tiempo invertido en entretenimiento virtual pierde sustancia y no se recuerda, nos hace tener la sensación de que hemos perdido la semana y que solo hemos trabajado y aquello que es la vida queda relegado a aquellas cosas que hagamos durante los fines de semana. Para cambiar esto, además de la lectura al llegar del trabajo o antes de dormir, os animamos a quitarle el polvo a los juegos en casa y volver a retomar este tradicional rito de todas las sociedades.

Música
En cualquiera de sus formas, la música puede realmente cambiarte el estado de ánimo en un momento clave, salvarte de un ataque de ansiedad o llevarte a pensamientos totalmente desconocidos. Y, sobre todo, puede llevarte a dejar de pensar, ese maravilloso grial buscado un poco por todos en los tiempos que corren. Dejar la mente en blanco, conseguir centrarse en el momento presente y estimular otras áreas del cerebro relegadas a otras áreas en la mayoría de las profesiones, la música es tan beneficiosa que nadie podrá negártelo (aunque busque, como con el caso de la lectura, artículos científicos sobre sus beneficios neuronales). Puede ser tocando diez minutos ese instrumento que aprendiste a tocar hace años y que has guardado en el cuarto de los trastos: sácalo de la funda y déjalo a la vista para que verlo cuando llegues a casa y te llame a recuperarlo. Puede ser reproduciendo cualquier grupo que hace años que no escuchas o descubriendo nuevas bandas con el algoritmo de Spotify o con la radio. Utiliza los altavoces a la tele o el reproductor de vinilo o lo que tengas en casa para volver a poner solo música sin imagen y llenar tu casa de canciones aunque sea media hora al día cuando vuelvas de trabajar. Además esto se puede hacer con niños, sin niños, con pareja, sin pareja, en soledad o en masa.

Pasear
Dale una vuelta a la manzana cuando bajes la basura, camina para ir a comprar el pan o si tienes cerca alguna zona todavía un poco desconocida o con verde, sal a pasear. Respira aire puro, pon a trabajar tu sistema circulatorio, haz que tu corazón trabaje un poco y cansa las piernas para poder entrar a gusto en casa y combatir un poco el sedentarismo al que te lleva tu trabajo y tu cansancio. Muchas veces da pereza el salir de tu casa pero cuando vuelves siempre uno lo agradece. Además, la pereza no es pecado pero tampoco fue nunca fue buena consejera (a no ser, claro, que seas de esas personas que no paran nunca porque son incapaces de decir que no a ningún plan y no tienen tiempo para tumbarse un rato en el sofá en la soledad y sin hacer nada). Sal a caminar e intenta prestar atención únicamente a tu paseo para poder experimentar el paso del tiempo de otra manera, sin que el tiempo se te escurra de las manos y que no puedas hacer nada por evitarlo. Anda.

Sarah Nur

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