Es fácil decir lo que está bien y lo que está mal, opinar sobre los proyectos de los demás o hablar sobre ideas que uno quiere llevar a cabo idealmente… ¿pero qué pasa cuándo nos enfrentamos a la realidad? ¿Cómo se gestiona una empresa de manera diferente? ¿Realmente se puede sobrevivir sin el capitalismo y el ánimo de lucro? Por eso hoy queremos poneros uno de los muchos ejemplos que podremos encontrar ya, hoy, en la realidad, en el mundo tangible que nos rodea. Ejemplos de empresas como las nuestras o personas de carne y hueso como nosotros que comenzaron sus proyectos de un modo menos habitual y que han sobrevivido con éxito hasta hoy. ¡La vida es mucho mejor y más fácil con ejemplos!

Desde el año 1973 existen en Nueva York (FoodCoop), desde 2016 en París (La Louve) y ahora ya también desde ahora los podremos encontrar en Madrid gracias a La Osa y SuperCoop (y desde hace tiempo funcionan en El Rodal (Sabadell) o La Ortiga (Sevilla) . Os hablamos de los supermercados cooperativos y, más allá del nombre (que por tener cooperativo en el nombre ya se presupone fantástico pero no nos basta), os explicamos cómo funcionan: el objetivo de estos supermercados es ofrecer una alternativa de consumo a la sociedad en el sector agrícola y de la salud seleccionando sus productos según unos criterios específicos (ya sea por origen, ecológico, comercio justo o producto de proximidad…)  a un precio convencional. Es decir, la idea surgió para que la compra no fuese más cara que en un supermercado de toda la vida, pero sí diferente: sin explotar a los pequeños agricultores, sin preferir productos que vienen de lejos solo por el precio, teniendo en cuenta la calidad y apoyando un flujo de mercado distinto. Para que esto sea posible, para que puedas comprar ecológico o de proximidad sin notarlo en el coste y que sea entonces accesible a todo el mundo y no solo a un sector de la población con cierto poder adquisitivo, los supermercados cooperativos se organizan de manera diferente. Se crea una cooperativa y en esta cooperativa los socios son los que pueden comprar en el supermercado a cambio de dos cosas: 3 horas de trabajo mensual y 100€ de aportación al entrar en la cooperativa. De esta manera se despejan de la ecuación los beneficios que serían necesarios para mantener a los trabajadores del local y el margen de beneficio en cada producto es mínimo o inexistente y se destina únicamente al pago del alquiler del espacio donde está el supermercado. También a través de financiaciones del Estado o del crowfunding este beneficio puede bajar notablemente o ayudar a dar arranque al proyecto. Por supuesto, hablamos de un tipo de empresa en este caso sin ánimo de lucro, pero cuya estructura demuestra que sí es posible fundar modelos económicos y organizacionales alternativos y nuevos con éxito.

¿Si puedas pasarías a formar parte de un supermercado así? ¿Darías tres horas de tu tiempo para poder hacer una compra mejor a un precio normal? ¿A qué sectores fuera de la alimentación podría trasladarse este modelo organizativo?

Os animamos a conocer un poco más sobre estos lugares para inspiraros y conocer lugares que funcionan de otra manera. Podéis leer más sobre estos espacios en España en este artículo de El País o en este reportaje de La Sexta.

 

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