DESDE EL CORAZÓN DE LA SOLANA:
compartiendo experiencias empresariales 

María Ramos González es psicóloga y psicoterapeuta con más de veinte años de especialización en género, perinatal, infancia y familia. Es formadora de profesionales y facilitadora de grupos. Tras la maternidad, hace doce años emprendió su propio proyecto como autónoma. Trabaja desde el espacio coworking La Solana y es coordinadora del grupo de Salud en el LAB Torrelodones.   

Patriarcado: construcción histórica y social de dominación de los varones sobre las mujeres que se apropian de su fuerza productiva y reproductiva por medios pacíficos o con el uso de la violencia. Feminismo: movimiento social y político que busca el cambio de paradigma del patriarcado con alternativas de desarrollo humano y libertad para mujeres y hombres. Siendo una gran revolución― social, política y cultural― es la única que se está produciendo de forma pacífica. Coeducación: a raíz de las investigaciones feministas en los años 80, comenzó la intervención educativa más allá de la escuela mixta, formando desde la igualdad de valores de las personas.

DEJAR EL MUNDO MEJOR DE LO QUE ESTÁ
Tu infancia y adolescencia estuvieron inmersas en el activismo, ¿qué valores destacarías de tu implicación social? 

Yo decidí a los once años que quería apuntarme al grupo de scouts que había en la parroquia de mi barrio en Aluche. No sólo era ocio, era una forma de vida. Me atraía la pertenencia al grupo, el trabajo en equipo y las salidas a la naturaleza. Además, participé a los diecisiete años en la revisión crítica de este movimiento porque arrastraba un formato militar, sin revisión de género ni inclusión de la coeducación y con vinculación al catolicismo. También colaboraba muy activamente con una parroquia volcada con los problemas de la gente. Los barrios obreros tenían mucho movimiento asociativo pero la heroína causó una debacle entre los jóvenes. El sufrimiento humano activaba algo en mí y queríamos mejorar nuestro entorno. Sin embargo todo terminó cuando entraron los curas dogmáticos. Nos robaron esa parte espiritual que tuvo sentido y que yo sentía como verdadera. Entonces me incorporé a movimientos sociales como el ecologismo y el feminismo.

LAS PREGUNTAS QUE ABREN NUEVOS CONOCIMIENTOS
¿Cuáles fueron tus primeras curiosidades en el camino formativo? 

Yo era rebelde y lo cuestionaba todo. Mi abuela decía que siempre estaba ávida de saber y entender las cosas. A los diecisiete años hice un trabajo sobre la psicología evolutiva y me interesó. Mi familia pensaba que haría una ingeniería o empresariales pero a mí no me atraía nada. La jefa de estudios entonces me dijo algo que no olvidé: lo importante es no perder el objetivo.

¿Qué han representado a lo largo de tu vida tus `preguntas´?

Las preguntas son posibilidades de ampliar el pensamiento, me abren puertas mentales, sociales y espirituales. Cuando surge una pregunta es como un motor.
Siempre he buscado lo que me faltaba. Mi formación académica es cognitiva-conductual pero se me quedaba corta. Hice un máster en Psicoterapia Psicoanalítica desde la perspectiva de la Escuela inglesa del Psicoanálisis y después me formé en el estructuralismo de Erich Fromm, donde se incluyen la influencia de las condiciones de vida y la relación con las primeras figuras de apego. En la universidad me faltaba la perspectiva de género pero yo estaba participando activamente en el movimiento feminista. Paralelamente lo fui aplicando todo en el terreno: en escuelas infantiles, como educadora de calle o en la creación de una asociación de mujeres en el barrio.

¿Cuál ha sido uno de los grandes descubrimientos que te ha aportado el feminismo?

Para mí fue muy importante entender lo que representaba el patriarcado, porque ponía nombre a lo que estaba ocurriendo alrededor, a la violencia de género. Ya no miraba igual, su cuestionamiento suponía una transformación social muy potente. Mi primera experiencia como psicóloga fue trabajar sobre la violencia y el maltrato con mujeres en pisos de acogida. Aún hoy en mi consulta hay mucho sufrimiento de las mujeres por no estar dentro de los cánones establecidos. Nos etiquetan y nos medican cuando lo que sufrimos es vivir en un sistema sexista.  

La Economía de los Cuidados: la teoría feminista hace su propia crítica a partir de los años 70 al pensamiento económico, que considera `no-trabajo´ a las tareas domésticas y de cuidado, eludiendo toda responsabilidad sobre las condiciones de vida de la población.   

OTRO MODELO EMPRESARIAL PENSADO POR LAS MUJERES
¿Cuál fue tu experiencia como mujer en el mundo laboral? 

Tuve suerte de trabajar en modelos cooperativos y de Iniciativa Social, donde los beneficios se reinvertían en la salud de las personas cooperativistas. Al tener un sistema asambleario y existiendo conciencia de poner en el centro los cuidados, con una apuesta por el trabajo en red se puede conseguir equilibrar los tiempos y el dinero. Pero la maternidad me llevó a la decisión de la excedencia porque no quería pasar tanto tiempo en el mundo de afuera y no encontraba la manera de conciliar los dos mundos.

¿Cómo te planteaste tu vuelta como profesional autónoma? 

Estuve oscilando entre dos precariedades, el tiempo y el dinero. La ideología capitalista te trasmite que la meta es ganar más. Yo solo quiero ganar lo suficiente para vivir bien que significa poder cuidar y cuidarme. Otra dificultad añadida para las mujeres es la doble jornada: la de tu empresa y las tareas domésticas y familiares. Esto irremediablemente entra en colisión. 

Pero mi plan de empresa ha sido tener tres meses libres para conciliar, porque también descansar es un acto de responsabilidad profesional. Tras doce años invertidos en mi proyecto, estoy bastante cerca de esta idea aunque todavía es complicado. 

Y, ¿cómo cambiar el modelo? 

El desafío es lograr no tener que decidir entre ser madre o profesional, cuidar o estar en el mercado laboral. Pero esto tiene que ser parte de la agenda política y económica porque elegir es sinónimo de precariedad. 

Veinte años después se escucha nuestra voz, pero en lo interno se sigue manteniendo el mismo funcionamiento: el modelo masculino es donde hay que brillar. Sin embargo, existen nuevas corrientes como la economía social o el ecofeminismo, que han puesto en marcha iniciativas empresariales cuya prioridad es el cuidado de la vida. 

 

Lucía R. Oliveras
Periodista freelance

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