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DESDE EL CORAZÓN DE LA SOLANA:
experiencias empresariales 

Agustín Valentín-Gamazo es asesor y coach ejecutivo. Fundó en 2011 la empresa Enviroo que apoya a otros emprendedores en el sector Medioambiental y Social. Trabaja desde el espacio coworking La Solana.

El `coaching´ es una técnica científica propia que se desarrolla a partir de los años 80.  Recoge influencias desde Sócrates hasta la psicología humanista incluyendo el entrenamiento deportivo. Es la profesión más extendida en nuestro siglo. Su tarea es acompañar a personas, organizaciones o equipos para liberar su talento y maximizar la efectividad de sus actividades. 

DE EMPLEADO A EMPRENDEDOR
¿Cuál fue tu razón y motivación para el cambio?

Trabajaba como consultor ambiental en una gran empresa: buen sueldo, jornadas infinitas y volumen de trabajo brutal. Solo sabía que eso no era lo que quería hacer. Primero pedí una excedencia para poder dar la vuelta al mundo. Fue la experiencia más intensa que he tenido donde no paraba de tomar decisiones. Descubrí que había tantas opciones para poder hacer lo que yo quisiera. Volví a reincorporarme a mi puesto solo por un tiempo porque busqué un coach para trabajar mi plan: ¿dónde estaría diez años después? Y hoy compruebo que todo va encajando a lo que diseñé.

¿Hacia dónde querías emprender?  

Soy licenciado en ingeniería técnica agrícola y ciencias ambientales, pero también me he ido formando en temas de negocios como coaching ejecutivo o finanzas. No sabía el qué, aunque tenía en la cabeza el desarrollo personal en la empresa. Fue un viernes que dejé mi empleo y el lunes comencé a pensar lo que quería hacer. Además de un proyecto familiar, Cabañas con encanto, surgió también Enviroo.

OTRO EJE PRODUCTIVO
¿Cuáles son tus habilidades, las que te han ayudado en tu nueva andadura? 

En la consultoría te tienes que hacer experto en lo que te pida el cliente: informes, estudios estratégicos sobre diversidad de intereses y, para ello, he contado con mi capacidad de aprender y desaprender. También de adaptarme a los cambios y sobre todo de tomar decisiones. Lo importante es que he seguido un método.

¿Qué diferencias aplicas en tu trabajo?

Las PYMES están más interesadas en adoptar nuevas mentalidades como la Economía del Triple Balance. Esto se refiere a pensar en lo económico pero también en la dimensión social y ecológica de nuestras actuaciones. Las grandes empresas están aún lejos de percibirlo, pero si lo aplicaran el impacto sería más relevante. Yo soy parte de la Junta Directiva de Sannas que es una asociación de 130 empresas que aspiramos a cambiar el actual modelo productivo de ocio y de consumo por otros más solidarios y sostenibles.

El Triple Balance o Resultado es un modelo de gestión que desde el 2004 pretende que las empresas consigan ser económicamente responsables, ecológicamente respetuosas y socialmente comprometidas. Su aplicación es aún voluntaria pero es una visión de las sociedades avanzadas. Las certificaciones de Calidad o de Medio Ambiente, la Responsabilidad Social Empresarial, las políticas de conciliación o de igualdad, son reflejo de que el mundo empresarial no solo se mueve por el beneficio económico. La visión es que las empresas son fundamentales para generar empleo de calidad, minimizar las desigualdades sociales o frenar los impactos del cambio climático. 

UN MODELO COHERENTE
¿Vuestra ocupación es darle una visión comercial al emprendimiento social?

Sí, en el sector del Medio Ambiente hay mucha pasión y compromiso pero veíamos que faltaba una visión de negocio. Fue un reto muy duro al principio pero nos dispusimos a ayudar a emprendedores sin recursos. Buscamos patrocinadores para que puedan recibir asesoramiento, formación y acompañamiento a sus ideas, para que sean rentables y sostenibles en el tiempo. Trabajamos con las personas de forma intensa e íntima—coaching, mentoring— para que se generen cambios internos en su vida en general y para su modelo de negocio. Somos impulsores de la esencia de las personas: ofrecemos la caña, pero no el pescado.

Mi opción es cambiar la situación desde dentro, ayudar a las personas y que nuestro modelo sea coherente. A mí no me gusta el mundo en el que vivimos, consumista o llena de residuos, pero vivo en él y de forma pragmática uso las reglas del juego para revertir lo que está de mi mano.

Si hay propósito, hay un camino

Suele ocurrir que la gente piensa en sus sueños y no en los objetivos alcanzables. Me llama la atención también lo desaprovechados que estamos. Cuando las personas son comprometidas y responsables tienen mucho que hacer. La meta no es lo difícil, es el proceso. La buena noticia es que somos nosotros quienes decidimos, por lo tanto, el poder y la responsabilidad sobre nuestra vida. No me gusta cuando la gente se queja de que va todo mal porque todos somos parte y solución de que no sea así. Ahora sé que lo que estoy haciendo y lo que haré es lo que yo quiero. Mi sueldo es menor pero mi vida es más sencilla. Otra decisión que tengo que asumir es trabajar menos si quiero estar más tiempo con mis hijos pequeños.

UNA VISIÓN SOBRE EL FUTURO
¿qué piensas del Progreso? y ¿cómo influyen los hijos?

El Progreso es que todos vivamos mejor sin mayor crecimiento económico. Se puede prescindir de muchas cosas y ser más felices en esencia. Y tener hijos es el acto más insostenible, si lo pensamos, porque generamos un nuevo ente que va a contaminar más. Pero es una oportunidad genial para dejar nuestra impronta y el mayor potencial de mejora.

¿Cuál es tu visión del cambio climático?

Somos muy egocéntricos y la Tierra no es nuestra herencia sino un préstamo de nuestros hijos. La situación no me gusta nada y eso que vivo en el epicentro de la gente motivada por hacer cambios, pero también veo alrededor los que no tienen ninguna conciencia. Lo que sí creo es que la tendencia de cambio es patente, ya se está hablando y como consumidores exigimos. Yo he sido contundente con variaciones en mis hábitos diarios. Yo sé que estas mejoras y esfuerzos nos van a compensar.

Lucía R. Oliveras

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