Cuando hay un temporal, los árboles que resisten y sobreviven no son aquellos más rígidos y gruesos, sino los más flexibles y dóciles. Aquella palmera fina y aparentemente débil que se estira larga y que parece estar a punto de desplomarse ante la mínima brisa, se dobla hasta dar media voltereta pero es la que antes consigue volver a su lugar sin quebrarse.

La metáfora es simple y conocida. El interés reside en cómo podemos transformarnos en seres, personas, autónomos o empresas, que tengan capacidad de doblarse hábilmente ante la adversidad y de volver a erguirse después. Fuertes. Si pretendemos aferrarnos con fuerzas a la realidad que teníamos antes de esta crisis (se puede aplicar a cualquier otra), el proceso será especialmente duro, porque la realidad que teníamos antes no volverá a nosotros. Hay un antes y un después de la crisis y ahí reside la función de las crisis: suponen un cambio y somos nosotros los que tenemos la oportunidad, de hacer que ese cambio sea positivo para nosotros; que sea a mejor.

Después del temporal, podremos comprobar cómo lo único que ha quedado en pie y con vida son los aspectos más innovadores de nosotros y de nuestras empresas. Si hemos tenido una relación cooperativa, una red fuerte entre compañeros de trabajo, esta red saldrá fortalecida. Si las relaciones, en cambio, han sido totalmente individualistas y hemos tirado de la cuerda cada uno en una dirección distinta en busca de sus intereses, esta red estará visiblemente afectada y muchos quedarán a la deriva. Los aspectos con más esperanza de vida laboral dentro de nuestra empresa son los que están basados en principios de flexibilidad, adecuación, personalización, colaboración, coherencia y sí, resiliencia. Las empresas también pueden ser resilientes: es decir, pueden tener capacidad para fortalecerse y aprovechar las dificultades y las crisis. Esto no quiere decir que no sufran o que no tengan pérdidas durante todo este proceso tan desconocido e indeterminado que estamos viviendo. Simplemente quiere decir que son empresas (o autónomos) que tienen la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones de manera creativa y eficaz y que resucitan de entre sus propias cenizas como un fénix tras la quema.

A largo plazo y tras pasar el susto de esta crisis mundial sanitaria, social y económica, podremos ir sacando poco a poco conclusiones y aprendizajes. Es pronto, quizás, para concluir nada. Pero tras dos escasas semanas de confinamiento y estado de alarma nacional, ya podemos ver grandes cambios y retos ante nosotros: no podemos ir a trabajar a nuestros lugares de trabajo, no podemos ver a nuestros compañeros de trabajo, jefes o clientes. No podemos tomar un café con nadie al hacer la pausa que tanto necesitamos mientras trabajamos incansablemente desde casa. Los niños están con nosotros veinticuatro horas al día siete días a la semana, poniendo a prueba todo nuestro sistema de creencias y nuestra pedagogía. Intentaremos centrarnos ahora en lo único que depende de nosotros como autónomos y empresarios: ¿cómo respondo ante las crisis? ¿Soy generoso o me vuelvo egoísta? ¿Puedo confiar a pesar del miedo o me he visto totalmente absorbido por el miedo? ¿Me apoyo en los demás o intento sacarlo todo yo solo hacia delante sin pedir ayuda?

En las situaciones más estresantes y extremas, el ser humano tiene un modelo de respuesta veloz, la adrenalina: ante las situaciones de peligro esta hormona hace que tengamos una capacidad de respuesta y de reacción sorprendentemente rápida y eficaz, nos mantiene alerta y más activados y atentos que nunca. Este mecanismo de supervivencia que surge solo en los momentos de necesidad saca de nosotros habilidades que estaban escondidas y adormecidas. La crisis del virus puede despertar en nosotros este mecanismo y sacar a la luz muchas de las herramientas que no sabíamos que poseíamos y ponerlas a funcionar de maneras muy beneficiosas para nosotros y para el resto de la sociedad. No solo ayuda la empresa textil que se pone a coser mascarillas para el equipo sanitario, sino toda aquella empresa que esté cambiando su funcionamiento para construir un sistema más resiliente, eficaz y adaptado a los nuevos tiempos cambiantes que esta sociedad está por vivir en este milenio.

Sarah Nur

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