Hay muchas ocasiones en las que nos vemos obligados a elegir entre nuestro propio beneficio o el beneficio de los demás. Pero, ¿por qué elegir? ¿Es siempre una dicotomía? ¿Por qué lo que me beneficia a mí no puede beneficiar al otro?

Uno de los principios sobre los cuales se basa también el concepto del coworking es esta idea del desarrollo paralelo de nuestro bienestar y el de los demás. Siempre será un acierto encaminarnos hacia la generosidad, la empatía, el desprendimiento y la dedicación a la gente que nos rodea y también lo será centrarnos en nuestra propia comodidad, dedicar tiempo a nuestra formación y también a nuestro descanso. No sabemos muy bien cuándo pero en algún momento de la Historia empezamos a creer (y a actuar de tal manera) que lo que nos hacía bien a nosotros mismos afectaba negativamente a los demás y viceversa: que si nos dedicábamos al servicio desinteresado de los nuestros esto iría en detrimento de nuestra integridad y nuestra salud, tarde o temprano. ¿Y por qué lo separamos?

Normalmente, las personas tendemos a tener uno de estos aspectos más desarrollados y solemos caer en extremos, en consecuencia este desequilibrio nos trae inquietud, insatisfacción. Algunos somos personas que se desviven por los demás y nos acabamos quemando al no ver ninguna recompensa tras todo nuestro esfuerzo y sacrificio; otros somos personas que tendemos al egoísmo y el egocentrismo por miedo al desagradecimiento de los demás y a desatender nuestras aspiraciones más esenciales. O, muchas veces, no somos de una u otra manera, sino que estamos con uno de estos aspectos más acentuados en momentos o etapas concretas de nuestra vida. Pero sea como sea este desequilibrio nos fatiga y nos trae esa sensación interminable de haber dejado algo desatendido. Es tiempo de cambiar de perspectiva y de ir dejando poco a poco las dicotomías a un lado, dejar de verlo todo negro o blanco, bueno o malo, en extremos y en oposiciones muchas veces inexistentes. Nuestra calidad de vida y nuestra tranquilidad aumentarán cuando nos demos cuenta y empecemos a poner en práctica esta visión, cuando empecemos a trabajar más por los demás, pensando en el impacto y el significado de nuestras acciones y cuando nos dediquemos con más orgullo a nuestro propio cuidado y felicidad. Cuanto más tenemos, más podemos ofrecer. Cuanto más sabemos, más podemos compartir. Y cuanto más damos, más ganamos.

Dentro del ámbito profesional y laboral la unión del desarrollo individual con el colectivo es cada vez más visible, por fortuna, cuando vemos los esfuerzos que se están haciendo poco a poco en algunas empresas por ofrecer actividades de ocio, formaciones, comidas o viajes incluso para los trabajadores, atendiendo su progreso personal y viendo cómo esto trae un mejor ambiente a toda la comunidad que es a su vez la empresa. Siempre será un acierto trabajar con los compañeros en actitud de colaboración y confianza para crear la atmósfera más agradable y fructífera. Y, del mismo modo, será siempre un acierto para aquellos trabajadores compulsivos que estamos siempre dispuestos a ayudar un poco más o adelantar un poco más de trabajo, el cogerse unos días de vacaciones, levantarse del ordenador una hora antes para leer o salir a pasear o aprender a decir que no a ciertos proyectos o favores para los que destinamos demasiada energía en perjuicio de nuestro tiempo libre.

El mundo nos necesita fuertes, nos necesita contentos. Seamos generosos, pero también con nosotros mismos.

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