Es ya bien sabido por todos que los espacios de coworking están en su mejor momento y que no ofrecen más que ventajas: están a la orden de día en los proyectos más innovadores, son un apoyo para las pequeñas y medianas empresas y para los emprendedores y ofrecen muchas posibilidades a todo tipo de profesionales, jóvenes, autónomos y empresas dando facilidades a expertos de cualquier tipo: desde artesanos a programadores, desde publicistas hasta a abogados.

La novedad más interesante en los últimos meses está siendo el crecimiento de una modalidad de coworking algo diferente: el coworking rural. Hasta ahora los espacios de trabajo colaborativo se situaban en las principales ciudades de España y siguen naciendo en las zonas de mayor aglomeración respondiendo a las necesidades de la situación laboral en las grandes urbes. Sin embargo, la creciente preocupación por el abandono de las zonas rurales y el deseo de volver a la naturaleza, a ciudades más pequeñas o a pueblos viendo los grandes problemas de estrés que provoca la vida en las ciudades a algunas personas, han llevado los coworkings al ámbito rural. Y nos parece muy interesante este movimiento de vuelta a los pueblos o a las pequeñas ciudades que manifiesta esa tendencia de descentralizar la cultura y la vida de la que ya hablábamos en nuestro blog algunos artículos atrás.

La Solana, de hecho, tiene algunas de las características de un coworking rural. Aunque a menos de media hora del centro de Madrid, gozamos de un terreno maravilloso con jardín y de un edificio independiente de piedra donde solo los árboles y el sonido de los pájaros nos rodean. De fácil acceso tanto a pie para los que viven en Torrelodones como en transporte público o privado, el ritmo de la Sierra ya difiere mucho del de la metrópoli. Algunos de nuestros coworkers viven en la ciudad de Madrid pero vienen a trabajar cada día aquí para escapar un poco de ese ritmo frenético e ir en dirección contraria al tráfico de cada mañana.

Los coworkings rurales más apartados, sin embargo, no siempre están cerca de nuestras casas para ir a trabajar cada día sino que ofrecen ideas fantásticas para hacer retiros puntuales, reuniones, seminarios: unen conceptos como las vacaciones o las escapadas de fin de semana con el trabajo para perseguir el objetivo de hacer de nuestro trabajo no solo un medio de sustento sino un disfrute y es un sueño para todos aquellos que trabajan en algo que les apasiona. Ofrece el espacio y los medios necesarios para reunirse y trabajar durante algunos días a todas aquellas empresas cuyos trabajadores viven en ciudades distintas, por ejemplo, y cuya relación normalmente es virtual para poder dar impulsos a sus proyectos. O a aquellas empresas que quieren colaborar con otras y conocerse. Estos coworkings ofrecen algunas posibilidades de las que no disponemos en las grandes ciudades: salidas al campo, talleres en plena naturaleza, actividades artesanales o el tan a veces ansiado silencio. Combinan una infraestructura tecnológica puntera donde podemos disponer de una rápida conexión a la red, de equipo tecnológico como ordenadores y proyectores, pizarras digitales o fotocopiadora con una zona de alojamiento rústica y natural donde cambiar de aires y respirar aire puro entre el verdor de Galicia (como en Sende, uno de los primeros coworkings de este tipo que se encuentra en la frontera con Portugal en un entorno inmejorable) o el sol y la playa en Jávea (como Sun and Co en la costa blanca) entre otros tantos.  Resurgen nuevos conceptos e ideas como el de co-living, que no es otro que el de convivencia donde, además de trabajar con nuestro equipo de siempre o con otras empresas amigas, podremos compartir los desayunos, comidas y cenas, dentro del coworking o en los alrededores, conociendo a la vez nuevos lugares, haciendo turismo sostenible y contribuyendo al desarrollo de las zonas más deshabitadas con sus pequeños negocios. Probar nueva gastronomía, salir a la naturaleza, bucear o hacer senderismo, participar en talleres de alfarería local o visitar centros de energías renovables en el desierto de Almería. Descansar saliendo de nuestro escenario habitual y reactivarnos tanto personal como profesionalmente en el contacto con otras personas y con otras maneras de trabajar es lo más inspirador que hay.

¿Se te ocurren otras ventajas? ¿Le ves alguna pega? ¿Has estado ya en un coworking rural?

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