Cuando más urgente se había vuelto la emergencia climática, el recuperar la vida slowla búsqueda de tiempo de calidad con los demás y con nosotros mismos… llegó esta pandemia para sacudir todas nuestras vida y dejarnos sin nada de nuevo, de vuelta a las cavernas de nuestras casas, con los nuestros y con la soledad de nosotros mismos. Algunos sin trabajo, otros sin dinero, otros despedidos, otros con la incertidumbre de cómo manejar sus empresas. El Estado ha tenido que obligarnos al confinamiento para parar nuestro frenético ritmo y para obligarnos a pensar en el otro, en todos nuestros compañeros que se dedican al mundo de la salud y también todos aquellos que trabajan en supermercados o limpiando y se ha establecido forzosamente una nueva jerarquía profesional. Porque ¿cuáles son los sectores más necesarios e importantes en momentos de pandemia? ¿Nos quedamos en los márgenes los demás? ¿Cómo sentirnos realizados cuando nuestro papel es el de hacernos a un lado y dejar de hacer, dejar hacer?

Como empresarios estamos ante una crisis económica brutal que va a sacudir nuestras empresas y nuestros proyectos poniéndolos al borde de la extinción en muchos casos. Nos sentiremos en la necesidad de hacer despidos, regulaciones de empleo, de prescindir de mucha gente para poder sobrevivir y seguir bien. Pero hay que pensar en qué pasará cuando todo esto acabe: porque un día acabará. ¿Qué pasará con nosotros cuando pase esta crisis? ¿Qué habremos hecho con nuestra empresa y nuestros trabajadores? ¿Les habremos alejado de nosotros en los tiempos de mayor dificultad? Nos toca un ejercicio de suma confianza para pensar que todo irá bien, que el mercado volverá a moverse, que habrá consumo, que habrá movimiento de nuevo. Volveremos a las calles, a los restaurantes, a los negocios y volveremos con más fuerza y aprecio del que lo hemos hecho nunca. Espero que todos hayamos comprendido el sacrificio y las dificultades que pasan nuestros semejantes y podamos volver a apoyar los pequeños negocios, las empresas locales. Y nosotros hemos de estar allí dando ejemplo con cada una de nuestras acciones: si hay algo que no funciona en nuestra empresa, es el momento de cambiarlo para bien, para mejor.

Un sistema que se deshace no está hecho para estos tiempos. Pasará la pandemia, pero seguiremos viviendo en un mundo globalizado, nuevo, cambiante. No podremos parar ni evitar nuevas pandemias ni las sacudidas climáticas del planeta para avisarnos. Ahora lo que hay que preguntarse es: ¿qué sistema es el que necesitamos para las próximas décadas? La globalización no ha llegado (solo) para permitirnos viajar más cómodos o comercializar con países más baratos que nos permitan un mayor margen de beneficios. El neoliberalismo económico no puede venir a privatizar los servicios sanitarios o educativos ni a convertirnos en personas egoístas e individuales.

La conexión con el resto del mundo se reduce a esto: estamos solos en casa, pero nos necesitamos más que nunca. Nos asomamos a la ventana buscando algo de empatía, de comprensión, de sentimiento de comunidad. No podemos volvernos egoístas ahora porque eso solo nos lleva a la autodestrucción. Son momentos para comprar solo lo que necesitamos en el supermercado, no para arrasar con todo sin necesidad. No podemos dejar de lado a los que tanto necesitamos el resto del tiempo para mantener nuestro estado de bienestar.

El estado de alarma y el confinamiento nos demuestra a muchos que el teletrabajo es posible, que los horarios sí son flexibles, que sí se pueden reducir las emisiones, que nada es más importante que la salud y el bienestar de los nuestros, es decir, de toda la sociedad como colectivo. La realidad de estos días nos acerca a una realidad que día a día vemos a través de la pantalla. Nos estamos acercando a la realidad de los países en guerra, a la vivencia de los que salen de su país forzados, a los que dejan su país atrás porque no pueden vivir en él, a los lugares que se ven obligados a luchar con desastres naturales, tsunamis, inundaciones. No somos ajenos al sufrimiento del otro. Tuvo que llegar la dificultad para recordarnos lo afortunados que somos y lo necesitados que están nuestros conciudadanos del mundo a nuestro alrededor. Y nuestra actividad económica, nuestro modelo empresarial, cada decisión que tomamos… tiene una repercusión en el entorno, sea esta más o menos tangible.

Sarah Nur

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