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Incertidumbre o mariposas en la tripa

Incertidumbre o mariposas en la tripa

Así se siente uno en medio de la que está cayendo. Entornando los ojos para ver si así se ve mejor el mañana y no digamos el futuro que ya dejó de existir, pero no porque estemos desesperanzados, no, sino por todo lo contrario, porque el futuro ya está aquí mismo. Apasionante, inquietante, reverberante,… como esa sensación de cuando empieza un viaje a un lugar desconocido, en la tripa los dos polos cohabitan: la ilusión junto al temor. Pero nuestro viaje no acaba de empezar. Empezó hace ya dos siglos. Lo que pasa es que no lo hemos sentido. Alguien muy sabio para evitarnos un golpe demasiado fuerte nos meció hacia un nuevo horizonte con tanta suavidad que hemos dejado de ser consicentes del viaje. Pero ahora toca abrir los ojos. Así como digo entreabriendolos para evitar la ceguera por la cantidad de luz y claridad,  color y alegría. ¿Me excedo? Pero cuando veo a mis compañeros de SANNAS, empresarios sí estructurados en este entorno que con tanta belleza intelectual han desarrollado, trabajos escritos en ese discurso que estamos más acostumbrados, me maravillo. Dicen lo mismo pero aterrizado y concreto.

La empresa socia de SANNAS  de la que hablo es Innuba que ha llevado a cabo un gran estudio sobre el futuro que nos espera a los empresarios: lo que vendrá después 2020. Quizás han abierto demasiado los ojos pero no se han quedado ciegos. Las ideas y reflexiones son una enseñanza de la que nutrirse.

Sholeh Hejazi

Aquí el enlace al LQVD

El coworking como epicentro de cambio social

El coworking como epicentro de cambio social

Hace un par de años Curro y Luis nos regalaron para el aniversario de la Solana esta imagen de aquí arriba que representa tan bien el alma de lo que se ha movido por esta comunidad de empresarios en el coworking: muchos de nosotros trabajando en nuestra labor diaria pero sin perder el foco de lo que nuestro esfuerzo estaba suponiendo, es decir, la construcción de una casa común.

Aunque los espacios de coworking surgieron en un principio para ahorrar gastos, sin embargo, muy pronto fuimos conscientes de la fuerza que se adquiere en la unión de profesionales que se encuentran diariamente y de todo el potencial que se libera con el contacto humano. Al compartir conocimiento y destrezas nacen proyectos mucho más elevados. Ese concepto de comunidad se extiende ahora por todo el municipio y el tejido empresarial descubre en el apoyo mutuo y en la colaboración nuevos horizontes de futuro.

La crisis actual muestra lo imprescindible que es actuar en unidad. No hay otra forma de afrontar los retos de este momento y, cuanto antes, mejor. Estos lugares de co-trabajo que ya llevan andados un buen trecho de camino es necesario que se afiancen completamente en espacios desde los que surjan ya no solo propuestas sino acciones conjuntas. Afianzar la comunidad local de profesionales que destellen en la economía global. Desde lo cercano pero con un objetivo planetario. Y además tenemos de nuestro lado un aliado muy especial que nos ha dado más herramientas: la tecnología de internet, cuyo desarrollo está siendo vertiginoso pero cuya utilización nos puede llevar a ganar calidad de vida (que no más capacidad de venta o de consumo). Otro de los aprendizajes durante estos dos meses han sido para confirmar que la naturaleza es el alimento para el espíritu y al que es factible volver: el futuro ya no se sitúa en las grandes urbes o las capitales. La apuesta por proyectos en municipios o regiones no centrales no supone un retroceso, sino un completo avance. Descentralizar los servicios conlleva una notable mejora de la calidad de vida humana en la que se incluye el desarrollo de las capacidades de cada individuo y cuyo resultado será una vida más armoniosa en lo personal, una mejor a aportación de cualidades a la comunidad y un planeta a favor de la vida. Ha llegado el momento de entender el trabajo no como medio para ganarse la vida sino para construir un hogar común amable y seguro, un hogar saludable, lleno de cuidados, una tierra fértil donde crecer como seres íntegros.

Los espacios de co-trabajo son en este panorama espacios de encuentro en el medio rural que descentralizan la cultura y la innovación, acogiendo gran diversidad de profesiones y suponiendo un lugar idóneo para encontrarse y donde aprender juntos a compartir conocimiento, experiencias, re-defenir conceptos como la prosperidad, la verdadera seguridad o el apoyo a la comunidad.

Nuevos caminos

Nuevos caminos

Después de seis años de intensa actividad en el coworking La Solana hemos finalizado nuestra etapa como gestores del espacio pero no ha terminado aquí todo aquello que hemos construido todos los coworkers a lo largo de estos años. Desde La Solana sabemos que el verdadero valor no es el espacio físico o material que nos ha unido sino las relaciones que hemos tejido día a día tanto profesional como personalmente. Hemos fortalecido nuestras relaciones y hemos aprendido mucho gracias al trabajo de los demás y a la convivencia día tras día. Esperamos que con esta nueva etapa los contactos prosigan en el futuro y en el presente más inmediato. Muchas gracias a toda la comunidad por tanto compartido. ¡Un abrazo!
El equipo de La Solana

Y apareció la infancia

Y apareció la infancia

Desde ayer domingo, los niños pueden salir a dar un paseo con los patines durante una hora cerca de su casa con alguno de sus padres y de sus hermanos. Desde hace mes y medio, los niños pueden, únicamente, estar en casa. No estoy segura de que estar en casa sea algo negativo de por sí para un niño, cuyo mundo interior y cuya imaginación todos envidiamos y cuya capacidad de adaptación y de resiliencia todos querríamos tener. El problema es que vivimos en una sociedad donde la noción de la infancia está totalmente marginada y olvidada. Desde el primer día de vida de un bebé, los padres vuelcan su visión adulta en las criaturas: “llora porque quiere atención”, “no come porque es muy cabezota” o “lo único que quiere es saltarse el cole porque es vaga como su hermano”. Sin embargo, los bebés y los niños hacen las cosas por motivos muy diferentes a los que nos imaginamos y damos por hecho demasiadas cosas mientras les arrastramos deprisa y corriendo hacia nuestro universo como si eso fuera lo más correcto.

Para Rousseau el niño nacía rodeado de naturaleza, la cual le permitía desarrollarse bueno y noble y la mejor educación que se le podía brindar a los hijos era la de protegerle de la sociedad que los corrompe. De alguna manera, luego llegaron sistemas alternativos educativos como las escuelas infantiles Waldorf o Montessori que buscaban imitar este entorno natural al menos en los primeros años de infancia rodeando a los niños de un jardín donde juegan libres y crecen independizándose prácticamente solos.

Hace unos años hice unas prácticas en un jardín de infancia donde niños desde los tres a los seis años convivían en una sala llena de juguetes tan básicos como troncos, piedras y telas y que salían a jugar al jardín cavando agujeros, manchándose manos y ropa de barro y mojándose en la manguera sin que la profesora emitiera un solo suspiro o pusiera la mínima cara de preocupación. El primer día durante unas horas pensé que “estos hippies” se estaban pasando. Sin embargo, unos minutos después pude observar algo que alimentó mi ego de adulta responsable y me dejó tranquila: los niños se pusieron una muda de ropa limpia, metieron su ropa sucia en una bolsa de plástico en sus mochilas (los mayores ayudando a los más pequeños), dejaron sus zapatos en la entrada y de nuevo una vez dentro de ese “aula” natural se sentaron a tomar un aperitivo, leyeron cuentos y volvieron a jugar con sus casas hechas con sábanas y sus negocios de piedras y palos. Pude confirmar varias cosas: eso de que los niños con cuatro cosas y su imaginación pueden construir una ciudad entera, que mancharse y jugar con la tierra no implica atraer un desastre dentro de casa y que no estudiar sumas y restas o hacer fichas desde los dos años no hace que los niños sean menos inteligentes sino todo lo contrario. Estos niños eran más inteligentes, ágiles y autónomos que lo que estamos habitualmente acostumbrados a ver.

El estado de alarma que ha obligado a cerrar escuelas y abandonar actividades extraescolares de todo tipo. Todo esto trae consigo un notable sufrimiento para los niños: el de no poder estar en contacto con la naturaleza, con sus amigos, con otros ambientes. Muchos han tenido que dejar de lado la formación musical, deportiva o artística, otros se ven obligados a estar en su cuarto veinticuatro horas pegados a un tablet o la tele. Pero es necesario también que analicemos que muchos de ellos están haciendo tareas que hasta ahora no les habíamos permitido: ahora tienen tiempo, tiempo de jugar, tiempo que perder, pueden participar ayudando a cocinar a sus padres experimentando lo que es la masa del pan en sus propia piel y pueden coger un trapo y limpiar el polvo por los muebles como ven hacer a sus padres. Ahora los niños tienen tiempo para poder observar lo que ocurre a su alrededor y abstraerse en el juego y en la imitación, los dos pilares sobre los cuales crecen y se desarrollan. Muchos niños de hoy no escuchan cuentos ni juegan a las cartas ni pintan sobre papel de verdad.

Como tan bien explica Paco Herrero en este artículo, “la confinación de la infancia no es algo de estos días de coronavirus, tenemos a la infancia cotidianamente confinada en escuelas, en las extraescolares, en los parques de bolas, en los campamentos urbanos y en los pisos de las abuelas. En todas y cada una de las realidades hechas a imagen y semejanza de la expectativa adulta para sostener el estilo de vida enajenado que nos mata y que perpetuamos.” Se avecinan tiempos difíciles pero quizás sea el momento de pararnos por fin a pensar en la infancia y escuchar y observar cómo son nuestros hijos, nuestro alumnos. Nos daremos cuenta de que no tienen una noción del tiempo como la nuestra y entenderemos así por qué no hacen caso cuando les pedimos que dejen de jugar “dentro de quince minutos”. Quizás veamos que no desordenan, descubren. Y que también pueden ordenar y participar en muchas más cosas de las que nos pensamos.

La vuelta a la rutina será complicada. Ya se habla de reducir las horas de clases presenciales, de reducir el número de alumnos por aula, de priorizar los espacios al aire libre a aquellos cerrados. ¿No es una lástima que haya tenido que llegar la pandemia e intentando evitar a un virus vayamos a avanzar hacia lo que durante años la educación estaba pidiendo a gritos? Un cambio. No por distanciamiento social, ni por higiene física sino mental. La infancia necesita menos deberes, más tiempo, menos horas de escuela, más horas de aire libre, de tierra, de experiencia.

Los niños tienen mucho que enseñarnos a nosotros y somos los adultos los que deberíamos ir a una escuela a aprender cómo ser menos adultos, menos civilizados. Porque nos hemos civilizado en una dirección que no era y todavía no entiendo por qué deseamos para nuestros descendientes el mismo estrés que hemos conseguido para nosotros mismos. En algún momento jerarquizamos la adultez por encima de la infancia y diseñamos los hogares, las ciudades, las escuelas, a favor de los adultos y relegando a los niños a pasar por esa etapa llamada infancia de la manera más oculta y discreta posible para no molestarnos con sus juegos o sus preguntas incómodas mientras seguimos el ritmo acelerando del sinsentido. Es una pena que la pandemia provoque niños pegados a pantallas continuamente en ambientes de tensión y discusiones de padres que no dan a basto con un trabajo asfixiante y agotador y unas dificultades económicas que no merecen. Pero esto no quita que para muchas familias, para muchos niños, sea la primera vez (y por desgracia, quizás también la última) en que disfrutarán de tanto tiempo con sus progenitores y podrán tocar las cosas de la casa y de la calle con la emoción que les pertenece y que hemos procurado arrebatarles.

Sarah Nur
Fotografía de portada: Graciela Iturbide

 

Entrevista VI -Tarsicio Merino Barby

Entrevista VI -Tarsicio Merino Barby

DESDE EL CORAZÓN DE LA SOLANA:
compartiendo experiencias empresariales

Tarsicio Merino Barby es asesor de Comercio Internacional. Director Ejecutivo, dueño y fundador de Almanor Internacional. Profesor asociado en el Instituto Empresa University. Ha trabajado como alto cargo en grandes multinacionales como Marubeni Europe entre otras. En 2016 participa en la creación de La Solana Capital.

Resiliencia: se enfoca en una capacidad individual pero también se aplica en lo comunitario, lo económico y cultural. Lo resiliente es superar positivamente situaciones adversas, ver posibilidades donde otros ven confusión y hacer el máximo con lo que se tiene a mano. Se trata de transformar el fracaso en fuerza motora para salir fortalecido. Comprender que uno mismo es el arquitecto de su vida y su destino.

UN CIUDADANO DEL MUNDO
¿Qué rasgo humano y profesional resaltarías de tu medio siglo recorrido?

Toda mi vida ha sido una aventura internacional. Empezando porque soy una mezcla entre suizo y español. Me siento un ciudadano del mundo que se queda con lo mejor de las culturas. Me gusta el orden y la calidad de ese pequeño país, Suiza, donde todo se cuida hasta comprender la libertad que te da el respetar a los demás. Por otra parte, mi casa está aquí, en España, donde hay una alegría diferente. Por otra parte, he
estado trabajando en más de 50 países.

¿Cuál fue el paso determinante que abrió tu futuro profesional?

Tengo que decir que aprender inglés me ha hecho crecer muy rápido y a llegar donde estoy. Cuando estaba estudiando Marketing decidí marcharme a la aventura a EEUU con un compañero de clase. Tenía 19 años y aunque iba para 3 meses me quedé 6 años para estudiar Empresariales. Con apoyo familiar y trabajabando de
cocinero―otra de mis pasiones―me pagué la Universidad. Desde luego, cuando sales del nido te conoces mejor y allí todo me resultaba más fácil.

¿Y las primeras decisiones que tomas?

Lo primero fue volver cerca de la familia y aunque mi padre quería que me quedara en el negocio familiar, yo quería intentar algo por mí mismo. Comencé en una empresa noruega como director comercial en España y sur de Europa. Por entonces viví tres años en Hoyo de Manzanares y luego me instalé en Torrelodones.

LA PARTE LÚDICA DE LA ECONOMÍA
Te gustan los retos y las aventuras económicas…. ¿qué te aportan?

Me di cuenta de que me gustaba el “ensayo-error”. Dimití de mi puesto acomodado y aun sabiendo que no iba a salir bien, me embarqué con un amigo―que conservo hasta hoy―en una empresa hispano-rusa. Fue el máster de mi vida. Me arruiné pero me quitó el miedo a volver a empezar porque ya conocía mi alcance y estrategia, el
“cómo hacer que te crean”. Realmente me gusta la parte lúdica de la Economía, el juego, la emoción y no precisamente el dinero.

¿Cómo explicarías la Economía en base a tu experiencia?

Para mí la Economía es tan sencilla como la suma de personas con un propósito común. Tiene que contemplar la parte social, medioambiental y la económica que es la fundamental para poder existir y crecer. La base del Progreso está en la empresa o el emprendedor. Y para que funcionen hay que saber relacionarse y conocer los
mecanismos. No se trata de tener altas capacidades, es el empuje que te hace querer estar allí.

¿De los grandes proyectos en los que has trabajado, qué rescatarías?

Tuve la oportunidad de trabajar para una empresa líder mundial, la japonesa Marubeni que representa un modelo de negocio único en ese país al combinar con éxito al gobierno con el sector privado. Denominadas sogo shosha son comercializadoras globales extremadamente diversificadas en los productos. Mi cometido fue revitalizar su sede en España. Y aunque parezca simple, comencé leyendo la prensa económica para encontrar oportunidades de negocio. En 2004 fui seleccionado como empleado para hacer un curso intensivo en Tokio. Luego en Madrid hice el Master Executive MBA porque entendí que tener una base teórica era muy importante. Yo tengo una virtud que además es un defecto: soy ambicioso y soñador a la vez. No sirvo para discutir pero creo en la gente y no me pongo límites.

Glocalización: El concepto data de los años 80 cuando explica una estrategia de márketing comercial que pretendía posicionar productos japoneses en un mercado global sin perder su identidad y sin renunciar a la actividad en los mercados autóctonos. De esta tensión generada entre lo global y lo local en sus aspectos sociales, políticos, económicos y culturales, surge la Glocalización como fenómeno reconocido: “Pensar globalmente para actuar localmente”.

LAS IDEAS NO VALEN, ES CONOCER EL ENTORNO
¿Por qué eliges ser empresario y no seguir por cuenta ajena?

Mi siguiente salto fue a una empresa británica, por mi ambición de querer más y cumplir mi sueño de llegar a ser Director General. Los grandes proyectos me enganchan mucho y siempre he necesitado viajar. Pero por otra parte, me había casado y nacieron mis dos hijos en aquel período. Era un trabajo muy duro, con mucha responsabilidad y estaba fuera de casa siempre. Además alguien por encima de ti toma decisiones a veces no acertadas. Coincidiendo con una división en la empresa, decidí que ya no quería trabajar para nadie y hace 10 años junto con otros ejecutivos creamos Almanor―es el nombre de un lago que conocí en California y que ya pensé que sería el nombre de mi empresa―. Quería tomar mis propias decisiones y estar de base en casa. Nos dedicamos a apoyar a empresas extranjeras que quieran invertir en el mercado español y portugués.

En el mundo del emprendimiento, ¿qué recomiendas?

Como profesor de la IE University siempre digo que las ideas― las semillas, metafóricamente―no valen de nada si no conoces y eliges bien el entorno―la tierra para plantarla―. No obstante, yo me siento como un empresario atípico, ya que al ver negocios por todas partes prefiero crear empresas y dejar que otros las dirijan. Por otra parte, soy consciente de que en diez años más se buscará la frescura y no me van a hacer tanto caso. Por ello, hoy estamos embarcados en la búsqueda activa como inversores y cazatalentos.

Hace 4 años surgió La Solana Capital, ¿cuál es su misión?

Fui uno de los primeros usuarios del espacio coworking La Solana de Torrelodones y junto con la persona gestora de este espacio y otros compañeros coworkers, fuimos gestando esta empresa-plataforma. Su misión es seleccionar y promover proyectos empresariales sostenibles que tengan un impacto social y positivo en su entorno. Por el momento hay dos proyectos ubicados en Nicaragua y otro relacionado con una escuela de educación alternativa en España.

Lucía R. Oliveras
Periodista freelance

Empresas como fénix

Empresas como fénix

Cuando hay un temporal, los árboles que resisten y sobreviven no son aquellos más rígidos y gruesos, sino los más flexibles y dóciles. Aquella palmera fina y aparentemente débil que se estira larga y que parece estar a punto de desplomarse ante la mínima brisa, se dobla hasta dar media voltereta pero es la que antes consigue volver a su lugar sin quebrarse.

La metáfora es simple y conocida. El interés reside en cómo podemos transformarnos en seres, personas, autónomos o empresas, que tengan capacidad de doblarse hábilmente ante la adversidad y de volver a erguirse después. Fuertes. Si pretendemos aferrarnos con fuerzas a la realidad que teníamos antes de esta crisis (se puede aplicar a cualquier otra), el proceso será especialmente duro, porque la realidad que teníamos antes no volverá a nosotros. Hay un antes y un después de la crisis y ahí reside la función de las crisis: suponen un cambio y somos nosotros los que tenemos la oportunidad, de hacer que ese cambio sea positivo para nosotros; que sea a mejor.

Después del temporal, podremos comprobar cómo lo único que ha quedado en pie y con vida son los aspectos más innovadores de nosotros y de nuestras empresas. Si hemos tenido una relación cooperativa, una red fuerte entre compañeros de trabajo, esta red saldrá fortalecida. Si las relaciones, en cambio, han sido totalmente individualistas y hemos tirado de la cuerda cada uno en una dirección distinta en busca de sus intereses, esta red estará visiblemente afectada y muchos quedarán a la deriva. Los aspectos con más esperanza de vida laboral dentro de nuestra empresa son los que están basados en principios de flexibilidad, adecuación, personalización, colaboración, coherencia y sí, resiliencia. Las empresas también pueden ser resilientes: es decir, pueden tener capacidad para fortalecerse y aprovechar las dificultades y las crisis. Esto no quiere decir que no sufran o que no tengan pérdidas durante todo este proceso tan desconocido e indeterminado que estamos viviendo. Simplemente quiere decir que son empresas (o autónomos) que tienen la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones de manera creativa y eficaz y que resucitan de entre sus propias cenizas como un fénix tras la quema.

A largo plazo y tras pasar el susto de esta crisis mundial sanitaria, social y económica, podremos ir sacando poco a poco conclusiones y aprendizajes. Es pronto, quizás, para concluir nada. Pero tras dos escasas semanas de confinamiento y estado de alarma nacional, ya podemos ver grandes cambios y retos ante nosotros: no podemos ir a trabajar a nuestros lugares de trabajo, no podemos ver a nuestros compañeros de trabajo, jefes o clientes. No podemos tomar un café con nadie al hacer la pausa que tanto necesitamos mientras trabajamos incansablemente desde casa. Los niños están con nosotros veinticuatro horas al día siete días a la semana, poniendo a prueba todo nuestro sistema de creencias y nuestra pedagogía. Intentaremos centrarnos ahora en lo único que depende de nosotros como autónomos y empresarios: ¿cómo respondo ante las crisis? ¿Soy generoso o me vuelvo egoísta? ¿Puedo confiar a pesar del miedo o me he visto totalmente absorbido por el miedo? ¿Me apoyo en los demás o intento sacarlo todo yo solo hacia delante sin pedir ayuda?

En las situaciones más estresantes y extremas, el ser humano tiene un modelo de respuesta veloz, la adrenalina: ante las situaciones de peligro esta hormona hace que tengamos una capacidad de respuesta y de reacción sorprendentemente rápida y eficaz, nos mantiene alerta y más activados y atentos que nunca. Este mecanismo de supervivencia que surge solo en los momentos de necesidad saca de nosotros habilidades que estaban escondidas y adormecidas. La crisis del virus puede despertar en nosotros este mecanismo y sacar a la luz muchas de las herramientas que no sabíamos que poseíamos y ponerlas a funcionar de maneras muy beneficiosas para nosotros y para el resto de la sociedad. No solo ayuda la empresa textil que se pone a coser mascarillas para el equipo sanitario, sino toda aquella empresa que esté cambiando su funcionamiento para construir un sistema más resiliente, eficaz y adaptado a los nuevos tiempos cambiantes que esta sociedad está por vivir en este milenio.

Sarah Nur

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