El viernes diez de abril celebramos la primavera de la mano de Tiago Silvano quien creó el espacio idóneo para que cupiera la magia de la noche tal como luego acaeció. Y es que Tiago, como buen anfitrión, sacudió La Solana y dispuso cada detalle en su justo lugar. Preparó el alimento ingerido con afecto en el alma, tratando cada ingrediente con una pizca de amor.

Los asistentes colgaron sus capas en el perchero al entrar, para disponerse a volar más ligeros, con las notas de la guitarra de Omid y los ritmos de la caja de Shangó. Y pasó lo que tenía que pasar. Surgió la magia embriagadora rescatada del fondo de los corazones y flotaron los talentos ocultos sumándose al baile.

Así queda este espacio de trabajo colaborativo: lleno de inspiración creadora.

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