Vicent Rosso habla con calma, parsimonia y sosiego, cualidades que se agradecen en este mundo de prisas, aceleraciones y atropellamientos.

El jueves llega a La Solana Vincent acompañado de su maletita, de Mercedes Alegre y su presentación en diapositivas como para que nada importante se quede en el tintero acerca de cómo surgió una de las empresas más emblemáticas del mundo económico.

Y así, con su toque francés, pero con un excelente castellano, abre la sesión para hablar de cómo una idea tan sencilla como es la de compartir coche puede convertirse en una nueva opción de movilidad y en un negocio, por qué no.

BlaBlacar se basa en “la capacidad de rescatar entre nosotros un valor que casi teníamos olvidado, la confianza, la confianza necesaria para crear, impulsar una actividad económica… La confianza es la gasolina social de BlaBlaCar que surge de los propios usuarios”.

Efectivamente: quizás el éxito de esta empresa sea, por una parte, apostar por la gente y su bondad y, por otra, haber reconocido una necesidad en la sociedad y conectarla con unos recursos adecuados. Y es que “BlaBlaCar no ha inventado nada nuevo, no ha inventado el agua caliente. Ha sido producto de observar que los coches van todos vacíos, todos vemos esto desde hace muchos años. La observación aquí es la disruptiva de haber calculado el número de asientos vacíos, desaprovechados, que quedaban en el coche. Solo en España 80 o 100 millones de asientos desaprovechados cada día. Esa poca eficiencia que es el resultado de cómo utilizamos el coche, que está diseñado para cumplir una función y que la cumple, pero nosotros lo usamos mal. Cien millones de asientos que paseamos por toda España, dos veces la población española y, al nivel de Europa, 1.000 millones de asientos disponibles; es un recurso que si utilizamos le damos una nueva vida, una nueva utilidad, puede ser una fuente de aprovechamiento y puede ser en este caso un posible negocio también”.

Una observación, una idea y sobre todo una acción. Aquí es donde muchas buenas ideas mueren: no llegando a la acción. “Si nos escondemos en excusas o ‘es complicado’ o lo que sea, pues no lo hacemos.” Vincent nos recuerda también cómo el ser humano está diseñado para aprender de sus propios fracasos, error / acierto, la teoría de la bicicleta…. si no te caes, no avanzas.

Y, por supuesto, el conocimiento de la herramienta poderosa que es internet. Una herramienta puesta al servicio de una buena idea nacida para resolver una necesidad.

“Cuando miro hacia atrás, estaba con Fréderic el fundador de BlaBlaCar, compartíamos una habitación en San Francisco, y me enseñó BlaBlaCar de hace diez años, era un piloto, era una página web que tenía una pinta muy mala, que no se parece nada a la de hoy, pero sí tenía la visión. La visión de esa eficiencia, de lo que le había pasado, de su historia personal; de cómo tenía que volver a casa por Navidad y no quedaban plazas libres en el tren porque él no había hecho la compra anticipada. Su hermana tuvo que dar una vuelta de 200 kilómetros y venirle a buscar a París para llevarle a Nantes. Y en el camino se da cuenta de lo que todos hemos visto, coches medio vacíos dirigiéndose al mismo sitio. Fue entonces cuando le impactó: recursos por un lado y por otro lado recursos no utilizados. Eso es lo que constató: una oportunidad. Y lo que a mí me impactó es la visión que tenía y el ‘time to market’, o sea, yo lo hago: da igual cómo pero lo hago. Un poco a modo de McGiver. Y en seis meses ya tenía mil usuarios”.

Mejorar la página web, exportar la idea a España y constatar que incluso funcionaba en otros países, es lo que lleva a BlaBlaCar a estar ya presente en casi toda Europa. Ha pasado de una oficina en 2009 a tener 14+4 en 2015. Cifras que junto a muchas otras hablan del éxito empresarial. Pero la experiencia de haber viajado en BlaBlaCar confirma las palabras de Vincent “…BlaBlaCar, además de ser una manera de organizarse para viajar juntos, se ha convertido en un encuentro social, en un encuentro entre personas que de otra manera nunca se hubieran conocido”.

Gracias Vincent por recordarnos la parte humana de la economía.

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