¡Atención todo el mundo!

Abrid la agenda, buscad  el 15 de junioy apuntad con un color llamativo: “La Solana abre sus puertas”

Pero cuidado con lo que encontraréis al otro lado de la puerta: nada, un espacio. Un espacio hermoso, eso sí, lo cual equivale a TODO. La Solana está deseando recibir vuestra visita y llenarse de muebles, personas e ideas. Os quiere juntos, independientes pero en cooperación, centrados y entusiastas, responsables y promotores de tantos proyectos.

¿Que en qué consiste este espacio de coworking? En que tanto un guionista como una abogada, un fotógrafo o un empresario tienen aquí su segunda casa, su lugar de trabajo: si el guionista necesita un abogado, ella estará por allí y podrán colaborar compartiendo un café. Y si el empresario necesita algunas fotos de su reunión con el equipo, alguno de los dos fotógrafos de La Solana podrá encargarse de ello.

En La espuma de los días, Boris Vian describe una casa cuyas habitaciones se moldean en función de los sucesos que ocurren en su interior, del estado anímico de sus habitantes.

Del mismo modo, La Solana aparece aquí, en medio de un hermoso jardín lleno de altos pinos que le dan sombra, como la casa moldeable. La casa cambiante que se adapta a las personas que entrarán en ella cada mañana a trabajar y a las ideas que hagan que su paredes, poco a poco, se expandan y el techo del patio de azulejos empiece a elevarse cada vez más hasta atravesar la terraza y la biblioteca del torreón. La escalera de caracol se ensanchará cuando aquellos que acudan a las veladas musicales u otros eventos pisen sus peldaños. Desaparecerán las esquinas, los quicios y los soportales, se esfumarán los límites. Y los límites que nos ponemos nosotros.

Bienvenidos a La Solana Desde luego, la lectura de esta crónica y de las crónicas que vendrán no es, en absoluto, el objetivo.

Como suele decirse, pasen y vean, y ¡QUÉDENSE!

 

 

 

 

 

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