¡Si la vida es amor, bendita sea!

Quiero más vida para amar! Hoy siento

que no valen mil años de la idea

lo que un minuto azul de sentimiento.

“El dulce Milagro” de Juana de Ibarbourou

 Madrid en agosto adquiere un ritmo ideal, un ritmo tranquilo, un ritmo más acorde al del corazón. Quizás sea por eso que las personas están más abiertas a nuevas experiencias y se hace más fácil sorprenderse cuando simplemente paseas por una calle o tomas un blanco y negro en la Castellana. Este primer mes de agosto en La Solana también está siendo lo suficientemente calmo como para saborear lo que cada día acontece por aquí y percibir “el dulce milagro de la vida”.

Y así, como si de una estrella fugaz se tratase, por lo inesperado del encuentro (su intensidad aún resuena en los poemas que nos recitó Tachia Quintanar) celebramos un desayuno informal el lunes día 11 de agosto.

Tachia y una amiga, Gudru, llegaron puntuales, o sea, cinco minutos antes de la hora acordada, y en este caso tiene extraordinario mérito ya que venían de unos cien kilómetros de distancia y a una ubicación desconocida para ellas.

Las recibimos unos cuantos amigos y trabajadores de La Solana ya familiarizados con el alma de las veladas artísticas. Tachia se puso sus mejores galas y nos envolvió, permeando las paredes, con un recital de poemas dedicadas a la mujer y escritas por mujeres cuyo título es “Muy airosa criatura es Dulcinea”. Escritoras y poetas -‘ciudadanas’ como dice Tachia- que hablaron del amor, de la vida, de lo eterno… Esas palabras, ideas y sentimientos que, recitadas por esta mujer que ha vivido la poesía en cada célula de vida, hacen que el tiempo se detenga para que el oyente se incorpore a su discurso. Y aún hoy, que han pasado ya algunos días, parece que las paredes de esta casa resuenan con los poemas de Angela Figuera, Delmira Agustini, Carolina Coronado, Alfonsina Storni, Blanca Sarasua, Carmen Martín Gaite, Gertrudis Gómez Lara, Sor Juana Inés de la Cruz, Gloria Fuertes, Teresa Cepeda y la única traducida ya que no escribió en castellano pero que no podía faltar en este discurso, la gran Ana Ajmatova.

La poesía condensa libros enteros de ensayo filosófico y como un elixir intenso tensa la mirada hacia donde está el dulce milagro de la vida.

Esperamos tener a Tachia de nuevo en esta casa muy pronto.

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