Y es fin de mes, es Julio y hace calor, pero abrimos La Solana para nuestra Segunda Velada. Sandra ordena sus piezas hechas en perla, repasa todos los detalles de las vitrinas, de sus diapositivas y, sobre todo, repasa en su cabeza muchos momentos de su vida a la que no tenemos acceso. Ella es así de sencilla para quien la mira desde fuera… pero es una sencillez lograda gracias a los caminos que ha recorrido, es una sencillez conquistada y por eso tan hermosa.

Y cuando empieza a hablar de la perla y a descubrirnos tantos secretos de ese su mundo es cuando percibes cómo se adentra en cada uno de los treinta asistentes de la sala con las palabras. Qué magia hay en la autenticidad, en la franqueza, en la sinceridad… que conquista los corazones. Así, de su mano y con su media voz que como terciopelo acaricia las almas, recorrimos ese mundo de belleza, del trabajo arduo de más de ocho años de una ostra que rechazando un cuerpo extraño en su interior crea esa perla tan ‘lustrosa’ y tan deseada ya por todos nosotros que hemos aprendido tantas cosas: su lustre, su matiz de color según las aguas donde crece, su inseminación artificial, las granjas chinas produciendo toneladas, su producción artesanal respetuosa solo de 4 kilos… y su contacto con la piel viva del que lo lleva como si de un abrazo se tratara para no morir.

Sí, todo esto y mucho más compartimos ayer con Sandra. Y como si todos los elementos se confabulasen dentro de las paredes de esta casa tan extraña como lo es la Solana, el collar de perlas barrocas que Sandra rifó entre los presentes acabó en el cuello más idóneo: la de nuestra amiga y maestra Ana Lillo. Dios las crea y ellas se juntan.

Delicado encuentro entre amigos que ya en su segunda cita se está asentando como tal, un encuentro íntimo y delicado compartiendo tanta sensibilidad nos incitan a elevar un poco nuestros pasos por encima del suelo firme.

Gracias Pablo por esas burbujas y ostras de recibimiento; gracias Lucía, esa niña que sigue habitando en ese cuerpo de mujer, tan delicada y cuidadosa como cuando tuvimos la suerte de encontrarte en nuestras vidas, y gracias a las sobrinas de Sandra, María y Teresa, con su levedad de vestidos carmesí y ébano que no dejaban de recordar que flotamos en el aire. Y gracias también a todos los asistentes, amigos de siempre y nuevos amigos que nos dejáis un poco de vuestro perfume en estas paredes para que no mueran como lo hacen las perlas que necesitan del contacto humano para la vida.

Sandra nos deja aquí en La Solana sus perlas en una deliciosa exposición que podréis venir a disfrutar siempre.

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